sábado, 29 de agosto de 2015

El ajo y sus beneficios para tu salud



 
Este alimento es esencial para tu salud porque te ayuda a prevenir enfermedades como la hipertensión y arteriosclerosis
El ajo, al machacarse, produce una sustancia química llamada alicina, que otorga muchos beneficios a tu salud por su efectividad para el tratamiento de ciertas afecciones. También provee vitaminas, principalmente vitamina B6, vitamina C y, en menores cantidades, ácido fólico, pantoténico y niacina.
Beneficios de consumir ajo
El ajo tiene un efecto diurético y hace que la sangre fluya mejor por las arterias. Por eso se recomienda su consumo a personas con hipertensión arterial, taquicardia y arteriosclerosis. A pesar de ello, es bueno saber que está contraindicado si hay hemorragias. También podría  reaccionar mal con algunos medicamentos como antivirales y la ciclosporina.  En esos casos, es mejor consultar con un médico antes de consumirlo con fines terapéuticos.
Cuánto y cómo consumir ajo
Aunque no se ha determinado una dosis efectiva contra el cáncer, la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugiere para los adultos un consumo diario de 2 a 5 gramos de ajo fresco (uno o dos dientes de ajo), de 0,4 a 1,2 gramos de ajo en polvo, y de 300 miligramos a 1 gramo de extracto de ajo. La mejor forma de aprovechar la beneficiosa alicina es en el ajo prensado. Consúmelo media hora después de triturarlo y recuerda no hacerlo con el estómago vacío, porque puede ocasionar acidez estomacal, náuseas, vómitos y diarrea.
El ajo combate el colesterol
El consumo de ajo puede reducir los niveles de colesterol y de triglicéridos, pero es necesario hacerlo frecuentemente y durante un tiempo prolongado. Inclúyelo en tu dieta, de preferencia crudo o en polvo, pues algunos compuestos se pierden cuando se cocinan o son sometidos al calor.
Cómo actúa contra el cáncer
Diferentes estudios científicos han demostrado que algunos componentes presentes en el ajo, como los organosulfurados (que son los responsables de su fuerte olor), atacan las células tumorales (actividad citotóxica), provocan la muerte de ellas (actividad proapoptótica) y protegen a las células que fueron expuestas a la quimioterapia (efecto citoprotector). Además, muestran su capacidad para detener la activación de sustancias causantes de esta enfermedad, mejorar la reparación del ADN y reducir la proliferación de células cancerígenas.

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